El plano de tu local
Sala, terraza y barra dibujadas como son. De un vistazo: quién está ocupado, qué debe cada mesa y cuánto rato llevan sentados.
El camarero toma la comanda en la mesa y la cocina la tiene en pantalla antes de que vuelva a la barra.
Se abre directamente el TPV, sin usuario ni contraseña.
Cómo se hace una venta
Se toca, se cobra y sale el ticket. Esta es la pantalla de verdad de la demo.
En faena
La cuenta se va llenando a la izquierda y, a la derecha, pasa lo que pasa en este oficio y en ningún otro.
Mesa 7 · cocina
La comanda entra por la mesa 7La cocina la recibe repartida por zonasEl plato pasa a listo y el camarero lo veSe cobra y sale el ticket
Un servicio lleno no perdona: mesas que se juntan, cuentas que se dividen, el de la cinco que invita y el de la siete que paga con tarjeta mientras su amigo paga en efectivo. Tapik está hecho sobre eso, no sobre una lista de productos.
El plano del local es el tuyo: se dibuja la sala, la terraza y la barra tal como son, y cada mesa enseña de golpe si está ocupada, qué debe y cuánto rato llevan. La comanda se apunta desde el móvil, al lado mismo del cliente, y sale en la cocina antes de que el camarero llegue a la barra.
Y en la cocina, cada zona ve lo que le toca: la plancha lo suyo, los postres lo suyo. Las comandas se ordenan por la hora de entrada y lo que ya ha salido queda tachado, así nadie saca dos veces el mismo plato.
La comida para llevar no es una venta de segunda: va marcada como tal desde el primer momento, no ocupa mesa y sale en la cocina con el nombre de quien viene a recogerla. El cliente la puede pedir desde la carta con QR o desde el quiosco del local, y todo cae en la misma bandeja. Lo que entra por la tablet de Glovo, Uber Eats o Just Eat se pasa al TPV con su forma de pago, y en el cierre de caja cada plataforma queda aparte: es la única manera de cuadrar su liquidación a final de mes.
Hecho para este oficio
Sala, terraza y barra dibujadas como son. De un vistazo: quién está ocupado, qué debe cada mesa y cuánto rato llevan sentados.
Por personas o por producto, y cada uno con su método. También juntar dos mesas que se han hecho una.
La freidora ve lo suyo, la plancha lo suyo. Por tiempo, y lo que ya ha salido, tachado.
El cliente la mira en su móvil. Se cambia un precio en el TPV y la carta ya lo lleva.
No ocupa mesa: va con el nombre de quien viene a recogerlo y sale en la cocina igual. Los encargos para otro día —el pastel del sábado— admiten señal y saltan solos al obrador el día que toca.
Cada plataforma con su forma de pago, separada en el cierre de caja, y tarifa propia para reparto para que la comisión no se coma el margen.
De la mesa a la caja
El cliente pide desde su mesa, la cocina lo recibe repartido por zonas, cada plato va cambiando de estado y, si uno se retrasa, la pantalla lo canta. Al final se cobra y sale el ticket.
Ve la carta en su móvil, con las fotos y los alérgenos, y pide desde allí mismo. O le toma nota el camarero con la comandera: da igual, entra por el mismo sitio.
Cada zona recibe solo lo suyo: la plancha la carne, la freidora las patatas, la barra las bebidas. Se imprime en el ticket de su impresora o sale en la pantalla, como prefieras.
Cada plato lleva su reloj desde que entró. Cuando uno pasa del tiempo que le has puesto, su tarjeta se pone roja: no hace falta que nadie vaya a preguntar cómo va la siete.
Tarjeta en el datáfono, sin contacto con el móvil, o efectivo en el cajón que devuelve el cambio contado. Y si son cuatro y pagan por separado, se divide la cuenta y cada uno lo suyo.
Los platos van cambiando de estado solos mientras miras: es lo que ve la cocina durante un servicio.
Higiene y cuadre
Compatible con los cajones que cobran y devuelven el cambio —los Cashlogy de Azkoyen y otras marcas—. El TPV le dice el importe, el cliente echa los billetes y las monedas, y la máquina devuelve el cambio contado. Nadie toca el efectivo.
Los billetes y las monedas pasan de mano en mano todo el día, y desde el covid ningún cliente quiere ver que la misma mano que le cobra le da la barra. Con el cajón, el cliente introduce el dinero en la máquina y la máquina le devuelve el cambio: el dependiente no toca el efectivo en ningún momento, no se quita los guantes ni se lava las manos cada dos por tres, y vuelve al género limpio.
Es un negocio demo de verdad, con su catálogo y sus ventas. No hace falta registrarse.