Los encargos, por día
Se apunta la tarta con su día y la señal, y cada mañana sale la lista de lo que toca sacar.
Venta rápida en la barra, peso para la bollería y los encargos apuntados con su fecha.
Se abre directamente el TPV, sin usuario ni contraseña.
Cómo se hace una venta
Se toca, se cobra y sale el ticket. Esta es la pantalla de verdad de la demo.
En faena
La cuenta se va llenando a la izquierda y, a la derecha, pasa lo que pasa en este oficio y en ningún otro.
Nadie toca el efectivo
Se despacha y se pesaEl cliente paga en la máquinaLa máquina cuenta y devuelve el cambioLas manos del pan no tocan el dinero
Un horno vende mucho y barato: tres barras, dos croissants y una ensaimada, y el siguiente. Aquí lo que estorba es todo lo que no sea tocar el producto y cobrar.
Los artículos del día salen en la primera pantalla, con su foto y a un toque. Lo que se vende al peso va por la balanza, y lo que se vende por unidades, por teclado. Y a la mañana siguiente se ve qué salió y qué quedó.
Los encargos —la tarta del sábado, las cincuenta magdalenas del lunes— se apuntan con su día y su señal, y salen en la lista de la mañana que toca.
Hecho para este oficio
Se apunta la tarta con su día y la señal, y cada mañana sale la lista de lo que toca sacar.
La bollería al peso con la balanza; las barras, a toque. Cada artículo sabe cómo se vende.
Lo que se vendió y a qué hora, para saber cuánto hacer mañana y dejar de tirar género.
Lo que va al bar de al lado o a la otra tienda, apuntado y facturado a fin de mes.
El mostrador
El lector de siempre, por USB o inalámbrico. Se pasa el código y el artículo entra en la línea con su precio; si no tienes, la cámara del móvil también lo lee.
Se pone el género en el plato, se toca el artículo y el peso ya está en la línea con su importe. También lee las etiquetas que imprime la balanza del mostrador, con el peso dentro.
Higiene y cuadre
Compatible con los cajones que cobran y devuelven el cambio —los Cashlogy de Azkoyen y otras marcas—. El TPV le dice el importe, el cliente echa los billetes y las monedas, y la máquina devuelve el cambio contado. Nadie toca el efectivo.
Los billetes y las monedas pasan de mano en mano todo el día, y desde el covid ningún cliente quiere ver que la misma mano que le cobra le da la barra. Con el cajón, el cliente introduce el dinero en la máquina y la máquina le devuelve el cambio: el dependiente no toca el efectivo en ningún momento, no se quita los guantes ni se lava las manos cada dos por tres, y vuelve al género limpio.
Es un negocio demo de verdad, con su catálogo y sus ventas. No hace falta registrarse.