La balanza, conectada
Se pone el género, se elige el artículo y el peso ya está en la línea. Ni teclear ni equivocarse de tecla.
Lector de códigos, balanza conectada y cola que avanza. El peso entra solo en el ticket y el cambio sale calculado.
Se abre directamente el TPV, sin usuario ni contraseña.
Cómo se hace una venta
Se toca, se cobra y sale el ticket. Esta es la pantalla de verdad de la demo.
En faena
La cuenta se va llenando a la izquierda y, a la derecha, pasa lo que pasa en este oficio y en ningún otro.
Nadie toca el efectivo
El lector lee el códigoLa báscula envía el pesoEl cajón cobra y devuelve el cambioLa caja cuadra sin contar
En un súper lo que cuenta es el tiempo por cliente. Cada segundo que se pierde buscando un artículo o tecleando un peso es cola, y la cola se ve desde la calle.
Se pasa el código y el artículo ya está en la línea. Si se vende al peso, la balanza habla con la caja: se pone el género, se toca el artículo y el peso entra solo. Y las etiquetas que imprime la balanza del mostrador también las lee el lector, con su peso y su importe dentro.
Y al final del día, el cajón inteligente: el cliente echa el dinero, la máquina devuelve el cambio contado y la caja cuadra sin que nadie cuente monedas.
Hecho para este oficio
Se pone el género, se elige el artículo y el peso ya está en la línea. Ni teclear ni equivocarse de tecla.
Compatible con los Cashlogy y otras marcas. Nadie toca el efectivo y el arqueo cuadra solo.
Cada ticket descuenta del almacén. Cuando un artículo baja del mínimo, sale en la lista de pedido.
Tres por dos, segunda unidad a mitad de precio, packs. Se pone una vez y se aplica solo.
El mostrador
El lector de siempre, por USB o inalámbrico. Se pasa el código y el artículo entra en la línea con su precio; si no tienes, la cámara del móvil también lo lee.
Se pone el género en el plato, se toca el artículo y el peso ya está en la línea con su importe. También lee las etiquetas que imprime la balanza del mostrador, con el peso dentro.
Higiene y cuadre
Compatible con los cajones que cobran y devuelven el cambio —los Cashlogy de Azkoyen y otras marcas—. El TPV le dice el importe, el cliente echa los billetes y las monedas, y la máquina devuelve el cambio contado. Nadie toca el efectivo.
Los billetes y las monedas pasan de mano en mano todo el día, y desde el covid ningún cliente quiere ver que la misma mano que le cobra le da la barra. Con el cajón, el cliente introduce el dinero en la máquina y la máquina le devuelve el cambio: el dependiente no toca el efectivo en ningún momento, no se quita los guantes ni se lava las manos cada dos por tres, y vuelve al género limpio.
Es un negocio demo de verdad, con su catálogo y sus ventas. No hace falta registrarse.